ESTÉTICA VS NATURALEZA

 

      Texto Publicado En La Revista Residente De Monterrey

 

                                                       Sótano de Galería Luis Adelantado, Taller Veinticuatro

                                                       Sótano de Galería Luis Adelantado, Taller Veinticuatro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es importante hablar del paisaje urbano que existe hoy en Monterrey, ya que hay una falta importante de conciencia sobre el uso y mantenimiento que se la da a los escasos espacios verdes.

Varias especies de vegetación están “de moda” en la ciudad, entre ellas los lirios persas (iris japónica), helechos (pteridium aquilinum), pasto stipa (stipa ichu) y ni se diga los fornios (phornm) y pennisetum (pennisetum setaceum). Aunque no se puede generalizar, el nivel de compromiso que tiene la gente con sus jardines o espacios verdes se puede ver en la mutilación de ramas, hojas y tallos en pro de la decoración.

Si hacen un pequeño recorrido por las calzadas de San Pedro y sus colonias, podrán observar con claridad que esta gama de vegetación sufre de una horrible mutilación. ¿Por qué y para qué se cortan (en especial los pastos altos) las hojas y tallos de estas especies? Al contrario del efecto estético que se pretende proyectar, el dejar sólo las flores (en el caso de los lirios persas) y la parte de las semillas (en el caso de los pennisetums) da como resultado un aspecto de escobas viejas por toda la ciudad. De llegar a necesitarlo, la sugerencia es que se corten únicamente las ramas secas y con pinzas. Y nada más.

El paisaje va mas allá de querer crear una imagen contemplativa para nuestro cuadro visual, o de crear figuras abstractas en planta y de buscar colores que combinen sin importar la relación que pueda –o no– existir entre cada una de las especies; va más allá de un césped “bien” podado o de cycas revolutas que pretenden proyectar, con sus desafiantes puntas afiladas en la entrada del lugar, una jerarquía social y sentido de la estética superior que, en definitiva, se carece.

Debería existir en la profesión –tanto del jardinero como del paisajista– una responsabilidad social y medioambiental que le permita entender, respetar y preservar los atributos del lugar y la ecología del territorio para, después, elaborar una solución coherente. Así se evitaría crear con el paisaje sólo “formas de arte”, en donde los patrones y las figuras “bonitas” son las que actualmente predominan en el diseño de la ciudad.

Una buena –y natural– práctica es dejar los espacios verdes sin intervención, sin tocar nada en lo absoluto. El algunos casos el paisaje funciona por sí solo, con sus perfectas imperfecciones.

Me resulta interesante ver cómo es que la sociedad le asigna un valor social, una jerarquía y un estatus al tipo de vegetación que se coloque en la entrada de casas u oficinas. Así es, hasta en la misma naturaleza hay estándares que dividen a las clases bajas y altas; vaya, esto no tiene ninguna relevancia con fichas técnicas de mantenimiento y origen de las especies, es, más bien, nada más y nada menos que moda y tendencia pura.

Actualmente existe una falta de conciencia muy importante que afecta directamente el trabajo de los paisajistas, y tiene que ver con que los clientes deciden sobre la propuesta de su preferencia con fundamentos basados en qué es lo que se ve más bonito en el dibujo, sin entender la verdadera esencia que conlleva el diseño de un jardín: esto incluye, entre otras cosas, el análisis del territorio, el clima, los suelos, la vegetación y la fauna, elementos que tomados en cuenta en su conjunto permiten explorar las potencialidades y limitaciones del territorio.

La palabra “mantenimiento” en el tema del paisaje, en mi experiencia profesional (con sus excepciones), se mal entiende. Y es que cada vez que se llega al tema de landscape, parece que sólo existe una respuesta: un paisaje con “bajo mantenimiento”, o, como lo escuché en su momento en la universidad, “que se mantenga solo”.

Más que invertir en una entrada con una decoración vegetal “bonita”, aún no entendemos que la verdadera inversión de un jardín está en darle valor a los elementos naturales, en donde se puede explorar nuevas posibilidades de funciones y usos. Un jardín sin mantenimiento es un jardín al que se le niega la posibilidad de cambiar dentro de su pequeño ecosistema.

Un excelente ejemplo de paisaje en la ciudad es el camellón que se encuentra en la Prolongación de Alfonso Reyes (camino a Vía Cordillera), a partir de la rotonda de la Avenida José Calderón – Alfonso Reyes. Este camellón ofrece un buen diseño de paisaje con una diversa gama de vegetación sin mutilaciones y trasquiles, donde cada uno de los elementos naturales toma su propio tamaño, forma, textura y orientación, un paisaje mucho más “natural”.

 

Procesos, tiempo

El tiempo juega uno de los papeles principales en el paisaje, y el paisaje se trata de un proceso, no de un objeto. El pensamiento erróneo es asumir que un jardín puede estar listo de un día para otro. Tenemos que entender que al construir un espacio verde lo que le da vida y carácter es el tiempo: a su paso, se alteran tamaños, colores, olores y atmósferas. Hay que dejarlo ser, que fluya a su ritmo, sin forzarlo para que el entorno haga su propio trabajo con su respectiva fauna, y así contemplar sus infinitas sorpresas.